Las crónicas de Kai’Len Capítulo II Parte 1

Aquí empieza el segundo capítulo de “Las Cronicas de Kai’Len”, continuando justo después de los acontecimientos del primero. Espero que lo disfrutes y te deseo una buena lectura.

Si acabas de llegar aquí te recomiendo comenzar por el principio para poder seguir la historia.

Lee el primer capítulo aquí.

–.–

1

Tras un tiempo de vuelo que no sabría calcular, debido al hecho de que perdiera el conocimiento en mitad del trayecto, aterrizamos al fin sobre la que era, según Larset, una isla.

La sensación que me produce el descenso de Hazu desde el cielo hasta tierra firme es extraña e incómoda, pero pasajera. Larset me ayuda a bajarme de Hazu, antes de que este me obligue a hacerlo con una sacudida brusca y enérgica, tal y como había intentado ya en repetidas ocasiones a lo largo del viaje.

– No te preocupes. – me había reconfortado Larset durante el vuelo -. Tan sólo esta jugando.

Dudo mucho que sus palabras fuesen ciertas, pero preferí no decir nada y seguir concentrado en mantenerme bien sujeto a la silla de montar. Poco tiempo después, mis fuerzas terminarían por agotarse al fin, desmayándome en pleno vuelo. Mi aventura hubiese acabado en aquel instante, si Larset no hubiese estado atento para evitarlo.

Nada más aterizar y poder pisar el suelo firme, me quito mis espinilleras manchadas de barro seco y cenizas, pudiendo sentir el agradable tacto de la arena caliente bajo mis pies cansados y adoloridos. El viaje no parece haber sido lo suficientemente largo como para haber permitido a mi cuerpo resuperarse. Elevo mis ojos ciegos hacia el cielo y me llevo las manos hacia la frente para cubrirme del sol sin pensar, un mero reflejo de mi vida pasada, sin embargo ningún atisbo de luz consigue atravesar la densa oscuridad que me nubla. Mis dedos recorren mi rostro y siento el rastro de sangre seca, desde el contorno de mis ojos muertos hasta mi barbilla.

No necesito ver para darme cuenta que nos encontramos cerca de la costa. Mi piel todavía reseca, me incita a dirijirme hacia el mar. Un cálido aroma de arena y sal, junto al murmullo del oleaje acaricia mis sentidos, como una suave melodía cautivadora, sin darme cuenta siquiera, mies pies dan media vuelta sobre la arena. Mi impulso sin embargo, es frenado en seco por una mano firme que se posa sobre mi hombro, obligándome a girar hacia su dueño.

– Por aquí, Kai. Ya tendrás tiempo de bañarte luego. Además, ¿cómo piensas saber si hay tiburones si no te acompaño? – dice Larset con un tono amistoso y burlón.

– ¿Hay tiburones en estas aguas? – pregunto incrédulo, cuestionándome dónde me han llevado.

– No, que yo sepa al menos. – suelta una carcajada corta y sonora y añade -. No te preocupes, después te dejaré ir al mar. A no ser que estes pensando en escaparte nadando.

No puedo afirmar si su comentario es serio o tan sólo otro de sus sarcasmos. Por lo que decido contestar con sinceridad.

– En este estado no creo poder llegar a ningún lado.

Le oigo soltar otra de sus carcajadas y recibo una palmada contundente en la espalda.

– Venga, sígueme. – por un instante se queda en silencio y me lo imagino rascándose su barba con expresión dubitativa. Pese a no saber nada de su aspecto real, no puedo evitar imaginármelo de aquella manera. Quizás por ser un detalle característico de los humanos -. ¿Quieres que te guíe o… puedes tú sólo?

– Preferiría que me guíaras, por favor, estoy… ciego. – le recuerdo, por si acaso sus mofas le hubiesen hecho olvidar la realidad que estoy padeciendo.

– Sí, lo sé pero… – vuelve a quedarse en silencio y siento algo rozarme los dedos por un corto instante.

Supongo que deben ser los suyos propios, ¿acaso pensaba llevarme agarrado de la mano?

– Podrías colocarte detrás de mí, sujetarme por un hombro e indicarme hacia dónde debo dirijirme. – le propongo yo como alternativa.

– ¡Claro, buena idea! – exclama aliviado, logrando así evitar el tener que caminar pareciendo una pareja de lo más peculiar -. Vayamos pues.

– ¿A dónde? – pregunto mientras me pongo en marcha en línea recta, esperando alguna indicación suya.

Camino despacio, con un paso inseguro y tambaleante, sin embargo, poder sentir el tacto de su mano firme sobre mi hombro, me permite de alguna manera equilibrarme y sentirme algo más seguro.

– Vamos a la casa principal, quiero presentarte.

– ¿Presentarme? ¿A quién?

– A los demás, por supuesto. Gira a la derecha. ¿Acaso creías que estaba yo sólo viviendo aquí?

Sigo sus indicaciones y avanzo por un terreno diferente. La arena sigue presente, pero ahora también siento unas tablas de madera bajo mis pies descalzos.

– En realidad, pensaba que vivías con Hazu. – le confieso algo nervioso, preguntándome todavía dónde me encuentro y quienes serán las personas a las que voy a conocer.

– Hazu tiene su propio hogar, aunque suele venir a casa bastante a menudo, la verdad. Supongo que no le gustará la soledad, o quizás no le guste tener que limpiar. – bromea acompañado por otrade sus carcajadas, aunque esta vez más larga y sonora de lo acostumbrado.

Empiezo a acostumbrarme a escucharlas acompañando sus burlas, aunque estas siguen sin hacerme mucha gracia.

– ¿Qué es Hazu exactamente? – vuelvo a preguntar, frustrado y curioso, por no poder identificarle aún. Una idea me ronda por la mente, pero… esta me resulta difícil de aceptar.

– ¿Por qué no me preguntas lo que soy yo? – contesta evadiendo la pregunta.

– Porque doy por hecho de que eres un humano.

– ¿Por qué lo crees así? Gira un poco hacia la izquierda.

– Supongo que es… por tu mano. – su silencio me hace sospechar que mi respuesta le ha dejado intrigado, por lo que decido explicarme -. Lo digo por tus dedos, creo que tienes cinco y no creo que seas un orco, ni tampoco un hyl…

– Entiendo. – me interrumpe él -. Buena observación, gira a la izquierda de nuevo.

– Además, hablas aleriano.

– Tú también. – observa él y pregunta con curiosidad -. ¿Por qué?

– Nací en Aleria y no me quedó otra que aprenderlo.

– Entiendo. Cuidado con el escalón.

Pese a su advertencia siento mi tobillo golpear contra un bordillo de madera liso y duro, suelto un quejido de dolor y escucho su risa burlona a mis espaldas.

– ¿Ya hemos llegado? – pregunto ignorando sus burlas, mientras me acaricio la zona lastimada.

– Sí, adelante, a ver quién nos espera.

Siento su presencia adelantarme y alejarse. Alzo mi pie izquierdo y tanteo el terreno hasta encontrar el escalón. Dudo por un instante si seguir, pero es en esos momentos en los que su recuerdo se intensifica.

– Espérame Dili’An. – susurro sin darme cuenta y sin saber si alguien más puede escucharme.

Avanzo con su imagen en mente y entro en una habitación fresca y agradable. El olor a paja y madera llena el ambiente con un sutil aroma hogareño, recordándome las chozas de mi infancia. Me adentro un poco más y me detengo en seco al escuchar la vozde Larset llena de inquietud preguntar en la habitación vacía.

– ¡¿Qué ha pasado aquí?!

–.–

Continuará en la siguiente entrada. Mantente atento al blog para saber cuando se publicará, o suscríbete y recibe un e-mail cuando este disponible. Te invito a dejar tus comentarios y te agradezco haberte pasado por aquí y leerme. Que tengas un buen día y hasta pronto.


Las Crónicas de Kai’Len – Capítulo II – Parte 1 –
CC by-nc-nd 4.0 –
Christophe Herve

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