Las crónicas de Kai’Len Capítulo I Parte 2

Esta es la segunda parte del primer capítulo, si quieres saber cómo empezó todo lee la primera parte dándole click justo aquí. Te deseo una buena lectura y un buen día.

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2

La dulce Dili’An reaparece en mi mente. Como quisiera poder volver a verla, volver a escuchar su voz, su risa, volver a sentir su dulce mirada posándose con ternura sobre la mía.

Regreso a la realidad y contemplo la silueta de aquel guerrero acabando con otro de mis compañeros de batalla. Veo su rostro pálido, su horrible rostro humano, lleno de ira y satisfacción por poder asesinar a tantos de mi raza.

No me queda nada. Mi bombona de agua esta agotada. Mi Eón, aquella energía, la cual normalmente fluye por cada una de mis extremidades, llenándome de fuerza, vitalidad y poder, haciéndome sentir como un héroe poderoso e invencible, circula ahora como un goteo lento e insuficiente. ¿Así lo sentía yo antes de comenzar mi aprendizaje en magia? No puedo recordarlo, pero la sensación me resulta extraña, desagradable y frustrante.

Resuena un grito ahogado de dolor y puedo ver la sangre brotar de uno de mis compañeros que había logrado ponerse en pie. Lo contemplo cayendo de rodillas. El guerrero alza su espada, le corta la cabeza de un tajo seco y enérgico y de una patada, empuja el cuerpo contra el suelo con desdén. Puedo observar en su rostro, salpicado de sangre, una sonrisa malévola. Aquel monstruo disfruta con su cometido. Frente a mí, otros dos de mis compañeros se arrastran gimiendo dolorosamente, pero el guerrero parece no querer distraerse con ellos. Sus ojos, brillantes a la luz de las llamas, se fijan en mí con fríaldad y desprecio.

En aquella situación, con la espalda apoyada contra una roca del tamaño de dos hombres, arriconado por un enemigo, agotado, sin ni siquiera el suficiente Eón como para utilizar una pizca de magia, ¿debería de rendirme y dejarme morir?, ¿será este mi fin? Mis ambiciones, objetivos, sueños y demás tonterías que me llevaron hasta este lugar, ya no significan nada para mí. Ahora, lo único que me importa, lo único que deseo, es lo que siempre he tenido y no he sabido aprovechar.

El guerrero se acerca cada vez más a mí, ignorando por completo a los dos malheridos que se encuentran en su camino. Debe de haber notado que no estoy herido, tal vez prefiera acabar conmigo antes de que me recupere y pueda hacérselo más difícil.

Vuelvo a rememorar el día en el que me despedí de ella. Vuelvo a recordar su mirada amarga y decaída. Ella no había llorado, pero sabía que se había contenido el llanto, para no dificultarme la partida. Recuerdo su sonrisa triste, pero a la vez llena de amor por mí. Que egoísta fui. ¿Vendé mis ojos para no ver que sufría por mí? Y sin apreciar su dedicación, me marché, la abandoné. No puedo morir sin volver a verla antes y poder disculparme por todo el sufrimiento que le causé. Necesito volver a sentirla a mi lado. No puedo permitirme que todo acabe aquí. No quiero imaginarla llorando, sabiendo que ya no podrá volverme a ver. No quiero abandonarla de nuevo.

Miro a mi rival, se encuentra delante de mí y su espada alzada en alto brilla con un fulgor anaranjado. Sabe de su superioridad, de su ventaja, de lo fácil que resulta quitarle la vida a una persona débil y lo peor de todo, es que lo disfruta. Acorralado contra una enorme pared rocosa, ladeo suavemente mis brazos y rozo un objeto rígido entre la tierra y los escombros. Lo agarro con firmeza y siento la madera lisa y pulida entre mis dedos. Lo recorro, hasta que la yema de mi dedo índice siente el tacto frío del metal, reconciéndolo enseguida.

Mi cuerpo, hasta hace poco inerte y sin vida, se siente ahora dispuesto a todo para salir de aquel abatimiento. No sé con certeza lo que podía ver aquel guerrero reflejado en mi rostro hasta ahora, pero en el momento en el que sus brazos comenzaron su descenso fatal hacia mi cabeza, pude ver un cambio radical en su mirada. Su superioridad y satisfacción desaparecieron de pronto, reemplazados por la sorpresa y algo de miedo.

Sus brazos cayeron a gran velocidad, sin poder ya detener su avance, ni su trayectoria. Mi cuerpo se movió aún más rápido, sorprendiendo a mi rival y a mí mismo. Aún no tenía la fuerza necesaria para enfrentarme a él, pero una determinación sin precedente me había proporcionado la energía suficiente como para poder esquivar la acometida. Me inclino hacia un lado, dejando que la espada choque contra la roca y dejo al descubierto las raíces gruesas y nudosas de un Abiate, que se eleva justo detrás de aquella roca. El grosor de sus raíces se asemeja al de unas ramas gruesas y resistentes, son conocidas por ser capaces de crecer sin detenerse ante nada, atravesando todo a su paso, incluso la piedra. Al encontrarme apoyado sobre ellas, mi enemigo no había podido verlas, quedando así su arma atascada en las raíces, grabando en su rostro una expresión de incredulidad.

Aprovecho ese momento para clavarle con todas mis fuerzas el objeto que guardé disimuladamente en mi mano, la punta de una flecha rota. El guerrero grita de dolor, suelta el mango de su espada y me propicia un puñetazo en la frente, que logra aturdirme, per no que suelte mi arma improvisada. La arranco de la herida e intento clavarla en su rodilla. Mi rival, aún adolorido y sorprendido por mi contraataque, intenta evitar el golpe, pero tan sólo consigue que acierte en su otro gemelo, evitando por poco sus canilleras, provocando así que se desequilibre y caiga.

Me enderezo sobre mis rodillas adoloridas y me arrastro hacia mi rival caído. Este intenta enderezarse, pero no he soltado aún la flecha y aprovecho para hundirla todavía más en la herida, moviéndola en un vaivén circular. Él, gritando de dolor, intenta debatirse, logrando con ello retirar la punta de metal de su pierna. Pese al daño sufrido por sus dos heridas y el cansancio acumulado en la batalla, el guerrero consigue ponerse de rodillas y desenvaina una espada corta que llevaba a su espalda. Esta vez, estoy a su merced. Su rostro recobra aquella sonrisa perversa y sus ojos llenos de rabia, brillan de ilusión, imaginándose mi muerte inminente.

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Si te ha gustado y te has quedado con ganas de saber cómo sigue aquí te dejo el link hacia la tercera parte. Muchas gracias por leer, te deseo un buen día y hasta pronto.


Las Crónicas de Kai’Len – Capítulo I – Parte 2 –
CC by-nc-nd 4.0 –
Christophe Herve

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2 respuestas a “Las crónicas de Kai’Len Capítulo I Parte 2

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