Las crónicas de Kai’Len Capítulo I Parte 4

Aquí esta el final del primer capítulo. Te recuerdo que esta es la cuarta y última parte del primer capítulo de esta historia, si quieres saber cómo empezó te dejo el link justo abajo para que comiences por el principio. 

Lee la primera parte aquí.

Te deseo una buena y agradable lectura, esperando que disfrutes tanto como yo lo hice al escribirla.

–.–

4

Cesaron las lágrimas carmesí, ahora yacen marchitas sobre mis mejillas. Entrecierro los ojos y los vuelvo a abrir, pero el velo negro oscurece mi presente. Hundido en la desolación más profunda, me quedo arrodillado en el campo de batalla, silencioso y solitario, acompañado tan sólo por el sonido de las incansables llamas que me rodean y la suave brisa. Cuando de pronto, una intensa ráfaga de viento amaina, proyectando hacia mi rostro cenizas y polvo. Frente a mí, percibo una precensia y una peculiar e imponente voz resuena en mi mente, distrayéndome de mi agonía.

– “¡No te muevas, escílago!” – me ordena aquella voz rotunda e imperiosa en mi lenguaje natal, mencionando el nombre de mi raza con un aire de desprecio muy perceptible y añade con un tono amenazante -. “Si quieres vivir, claro.”

– ¡Conéctame con él! – pronuncia otra voz grave y aún más autoritaria si cabe que la anterior, aunque no en mi mente esta vez.

Son mis oídos los que escuchan aquella segunda voz. Resuena con un timbre mas reconocible y corriente que la primera y habla en el mismo dialecto que el que había usado mi enemigo con anterioridad. Escucho un sonido metálico parecido al de un jinete desmontando su corcel y el de unas botas pisando el suelo con firmeza. Percibo el sonido de unas pisadas acercándose a mí y escucho la segunda voz, pero ahora en mi mente.

– “¿Me entiendes, escílago?” – me pregunta en aleriano.

– “¡Eh! Sí…” – contesto yo, como un pensamiento en el mismo idioma, sin saber muy bien cómo lograr comunicarme de aquella extraña manera.

– “No hables de más. Responde sólo a lo que te pregunto.” – se queda en silencio y después añade -. “Te he observado y he visto lo que acabas de hacer. Dime, ¿por qué luchas?”

Me quedo sorprendido ante tal pregunta y dudo al contestar, aún sabiendo perfectamente la respuesta. Pienso en Dili’An, en lo mucho que la extraño y en lo que daría por poder estar con ella en este momento, pero me quedo en silencio. Mientras me quedo sopesando, la segunda voz me interrumpe.

– “Interesante…, ¿quieres vivir?”

– “Sí.” – respondo sin vacilación, pero sin comprender lo que le parece interesante a mi interlocutor.

“Entonces acompáñame.”

– “Pero, estoy ciego.” – le aclaro, pensando que quizás no se haya percatado de mi condición.

– “Lo sé, ¿y qué?”

La pregunta me desconcierta y su tono de indiferencia me hiere.

– “No puedo…”

– “¿No puedes moverte? ¿No puedes hablar, escuchar o pensar?” – me interrumpe aquel desconocido.

– “Yo… no sé si…”

– “Entonces quédate aquí. Quizás tengas la suerte de que otro guerrero te encuentre antes de que el fuego te consuma y te mate. Ya encontraré a otro.”

– “¿Otro para qué?” – quiero saber.

– “¿Quieres averiguarlo? ¿Quieres volver a estar con ella?”

Su última pregunta me deja perplejo y desconfíado a la vez.

– “¿Cómo sabes…?”

– “No preguntes.” – me ordena simplemente sin dejarme terminar mi frase, algo que parece ser costumbre en él -. “Entonces, ¿qué respondes?”

En mi mente, por encima de todas las dudas que albergo hacia ese extraño, se encuentra ella, mi objetivo, mi sueño.

– “De acuerdo.”

– “Entonces, sígueme.”

El hombre me agarra por el brazo para ayudarme a ponerme en pie. Aún me siento adolorido, pero gracias a su ayuda consigo caminar. Me guía hacia una precensia, algo grande… bastante grande y me dice.

– “Te ayudaré a montar.”

– “¿Montar? ¿A caballo?” – pregunto, sospechando ya que lo que tengo frente a mí debe de ser algo… diferente.

– “No es un caballo.” – me contesta con una risa corta y seca.

– “¿Voy a tener que cargar con él?” – pregunta la primera voz misteriosa e imponente, con amargura y pereza. La cual no había vuelto a escuchar hasta ahora, por lo que me había olvidado por completo de su existencia.

– “Sí. Corta la conexión, hablaremos con normalidad ahora, parece hablar aleriano con soltura.” – contesta el extraño, mientras me ayuda a subir a su montura.

En el instante en el que me subo a la silla de montar, compruebo que en efecto no me encuentro sobre un caballo, debido principalmente a la altura requerida para montarlo y por su pelaje, espeso, largo y suave. Puedo afirmar también que no es un bunorio, ya que no desprende su característico olor, ni tampoco un altavuz, ya que nada más sentarme, pude sentir como me rozaba la parte alta de mi espalda, algo de lo que dicha especie carece por completo, una cola. Pero entonces, ¿sobre qué estoy montado?

– “¿Qué clase de montura es esta?” – pregunto mentalmente, pero no recibo respuesta de aquel extraño sino de la primera voz, la cual me contesta con el mismo tono desdeñoso y frío.

– “Habla normalmente, escílago. Mi compañero ya no puede escucharte.” – su voz me deja claro que no le agrado y añade después -. “No vuelvas a llamarme montura, a no ser que quieras que te devore, pescado deforme.”

Puede que siga sin saber sobre lo que estoy montado, pero al menos sé que puede hablar y que tiene carácter.

– “Te pido disculpas.” – contesto ignorando la ofensa que me acaba de dirijir, notando que mis palabras parecen haber tenido el mismo efecto sobre él.

– “Ahora, me harías un gran favor si dejaras de pensar y molestarme con tus aburridas reflexiones por un momento.” – añade antes de quedarse en silencio.

Intento hacer lo que me pide aquel ser y tras un momento, siento como alguien se monta justo delante de mí.

– Intenta sujetarte con fuerza, aunque te recomendaría no tirarle de los pelos. A no ser que quieras caer al vacío, claro. – dice de pronto la segunda voz, la del extraño, seguido por una pequeña risa burlona.

– Caer… ¿a qué te refieres con caer al vací…?

– ¡¡Vamos!! – le oigo gritar y…

De pronto, una increíble fuerza me presiona hacia abajo, obligándome a inclinarme hacia delante, chocándome así contra la espalda del extraño que se encuentra delante de mí. Siento el viento soplar con fuerza a mi alrededor mientras nos elevamos. Sin perder un instante, me sujeto con fuerza a la silla de montar, esperando poder sujetarme adecuadamente durante el viaje. Las ráfagas de viento, intensas al principio, comienzan a calmarse y se hace más fácil mantenerme en equilibrio. El calor de las llamas ha desaparecido, ahora incluso de siente algo de frío y aunque mi piel soporte esa clase de temperatura, no puedo evitar sentir un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Me cuesta un poco más respirar, pero no resulta molesto, al menos a esta altura.

– ¡¡Intenta no desmayarte o caerás!! – me grita el extraño con un humor poco acertado para mi gusto.

– ¿A dónde vamos? – pregunto yo, curioso por averiguar algo de lo que esta ocurriendo.

– Ya lo verás… bueno, lo sabrás supongo. – suelta una carcajada corta pero amistosa.

Su humor seguía sin hacerme gracia alguna, pero al menos ya no me encontraba ahí abajo.

– ¿De verdad volveré a estar con ella? – pregunto, temiendo que todo fuera un simple engaño o una trampa de mis enemigos.

– Algún día, sí. Te lo aseguro. – me contesta con un tono sereno y que interpreto como sincero.

– ¿Cómo sabes acerca de ella?

– No preguntes, pronto lo sabrás.

Me quedo callado, contento pese a todo, por la simple ilusión de que sus palabras sean ciertas y que pueda volver a estar junto a ella, aunque solo fuera por un momento.

– ¿Puedo saber quién eres? – pregunto con la esperanza de recibir aunque sea una pizca de información.

– Dime tu nombre y yo te daré el mío, extranjero.

– Me llamo Kai’Len. – contesto mencionando mi nombre completo, con la intención de recibir lo mismo en respuesta.

– Encantado, Kai. Mi nombre es Larset Gwydion y te presento a Hazu. – se queda callado por un instante y me parece sentir una mirada puesta sobre mí -. Ahora hazme el favor de callarte un poco. Respira hondo, relájate y disfruta del paisaje… bueno, al menos intenta imaginártelo. – vuelve a soltar otra de sus carcajadas sonoras que se dispersan con el viento.

Sin contestar nada y aceptando que tendré que acostumbrarme a su humor y su aspereza, cierro mis ojos ciegos y vuelvo a imaginarme a Dili’An, pensando que por ella estaría dispuesto a cualquier cosa, cualquiera.

–.–

Así termina el primer capítulo de esta novela. Espero que te haya gustado y me encantaría saber que te ha parecido en la sección de comentarios. Tengo la intención de publicar un dibujo del protagonista de este relato, pero me gustaría saber si te interesaría verlo, si es así te invito a dejarme tu opinión en los comentarios.

Si te ha gustado y estas interesado en cómo seguirá la aventura de Kai’Len, te invito a suscribirte para recibir un e-mail directamente cuando este disponible la siguiente entrada. Te agradezco que hayas leído y me despido hasta la próxima entrada, que tengas un excelente día.

 

Las Crónicas de Kai’Len – Capítulo I – Parte 4 –
CC by-nc-nd 4.0 –
Christophe Herve

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